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viernes, 11 de noviembre de 2016

¡Trump Presidente!




Contra todo pronóstico terminó siendo elegido presidente el polémico multimillonario y figura mediática, Donald Trump. Ha sido un triunfo sorprendente y que además constituye una victoria clara y sonora de la anti-política en los Estados Unidos, la democracia más antigua y hasta ahora más sólida de la Edad Contemporánea.



En el país de las encuestas de opinión, las mediciones profundas, los "tanques de pensamiento", los análisis de escenarios y las salas situacionales, terminó pasando lo inesperado, lo no-racional se impuso y lo que parecía imposible sucedió. No faltará quien diga que "eso ya estaba previsto" y otros argumentos similares, pero humildemente prefiero pensar que la condición humana que es amplia y compleja, y no se reduce a una cuestión únicamente material-mecánica de acciones y respuestas, ("estimulo y respuesta") una vez más se impuso y cambió los rumbos de la Historia. Esta es una clara derrota para todos los analistas como politólogos, economistas y sociólogos que hablaban con la autosuficiencia y arrogancia de saberlo todo y creer que en la Historia todo está dicho porque "siempre ha sido así" - o sea, "todo" está calculado, medido y testeado - y creen por eso que la vida es como en un laboratorio. Se equivocaron

Medición que hizo el portal noticioso BBC Mundo

Este es pues un triunfo de la anti-política porque es la victoria de una figura que no proviene de la política profesional, sino que se hizo conocido por otras facetas (empresario de edificios, casinos, concursos de belleza y un reality show, entre otros) y que llega derrotando a una política con experiencia, alguien que había hecho una larga carrera desde sus años de universidad, y que iba a coronarla justamente ganando la Presidencia de su país. Algo poco usual en la evolución histórica de Estados Unidos, -pero bastante común en Latinoamérica en los años finales del siglo XX y principiosdel XXI- y que hoy sin embargo se ha realizado finalmente. Estamos pues ante un hecho histórico. 







Con esto hay pues un claro cuestionamiento al sistema político estadounidense, o más bien a los sectores que tradicionalmente lo han manejado. A mi parecer este es un triunfo reaccionario, es decir, es el triunfo de una reacción de protesta, de rabia y miedo contra ciertas tendencias político-sociales y económicas que han imperado hasta ahora en los Estados Unidos y  que quizás se vio fortalecido con los efectos de la dura crisis económica de 2008, que afectó a muchas industrias y empresas -y por lo tanto a millones de trabajadores y sectores de la clase media- expresándose esto en la búsqueda de una voz radical que expresara todo ese malestar presente y también acumulado. Ha habido un impacto de rabia y miedo. Rabia de sectores que histórica y socialmente han sido desplazados: los "WASP" (White anglo saxon protestant, los blancos anglosajones protestantes) un sector alguna vez mayoritario y decisivo en la vida política de ése país, y que finalmente que se vio eclipasado por el ascenso sostenido de otros grupos sociales, económicos y raciales. Miedo del resto de los estadounidenses, que sin importar su raza, procedencia nacional, clase social o religión, cree que los EEUU se ha debilitado y se preocupan por su seguridad ante amenazas reales como el terrorismo islámicos e incluso por el ascenso de Asia en la economía globalizada. Por eso el lema de Trump fue: "Volver a hacer a América fuerte". Y eso caló. Desde lo económico hasta lo geopolítico, pasando por lo psicológico y lo emocional se armó un electorado fiel a su candidato. 


Son ellos los que parecen sentir en Trump y su discurso estridente una fuerza para expresar su descontento con el multiculturalismo y la inmigración, la globlalización económica, la intervención del Estado en ciertas áreas y especialmente de critica hacia el papel que ejercen los EE.UU. en el mundo. A pesar que la gestión de Obama termina con altos niveles de popularidad, con una recuperación del empleo y buenos números económicos, esa aceptación no se pudo trasladar a las elecciones, y más bien, ésa América blanca y tradicionalista, inconforme con los políticos habituales tanto demócratas y hasta republicanos, junto con otros muchos más descontentos, se movilizó en bloque y pudo vencer a latinos e hispanos, a los negros (los afroamericans) y a las mujeres, que aparentemente aseguraban la derrota a Trump. 




Sin embargo, es bueno matizar esta afirmación, pues históricamente se ha vuelto a repetir un problema de fondo que tiene el sistema electoral estadounidense: los votos populares, los que hacen directamente los electores, fueron menores a los que obtuvo el candidato ganador final, que fue electo por contar con más votos en los colegios electorales. Por lo tanto, la candidata derrotada, Hillary Clinton obtuvo más votos populares que Trump, así que él no sería exactamente el presidente de la mayoría de los estadounidenses y eso ha generado también algo inédito: manifestaciones de protestas contra el presidente electo. Se levanta así una tenue sombra de ilegitimidad ante este nuevo gobernante, pero también hay que recordar que la tradición histórica estadounidense ha sido la de respetar las formas jurídicas y las instituciones políticas. Hay pues aquí un asunto pendiente que los ciudadanos de EEUU tendrán que dilucidar en los próximos años.

Vénse las cifras de los votos populares...


No deja de ser preocupante que con Trump, gana también - y democráticamente- la egolatría y la prepotencia, el racismo y la xenofobia, la misoginia y el machismo. Lamentablemente gobiernos forjados y alimentados con la rabia y el miedo, no son gobiernos de fiar, y es mucho lo que hay que temer de un gobierno reaccionario como muy probablemente será el de Trump. 



Quizás como Trump ha sido una figura mediática, todo el escándalo que creó a través de su campaña fue justamente una estrategia de publicidad y mercadeo, tal vez no resulte ser tan peligroso e irresponsable como aparentó ser, y se comporte finalmente como un político serio y de confiar. Pero tampoco lo sabemos... 



Estamos ahora en tiempos de incertidumbre. Más que una época de cambios parece ser que estamos en un cambio de época: cuestionamiento de la democracia tal cual como la entendíamos, la anti-política es aclamada como forma de gobierno, alzamiento de liderazgos autocráticos y personalistas con fuerte respaldo popular a nivel mundial, y quizás hasta el final de las repúblicas modernas del mundo occidental según los paradigmas de los siglos XIX y  XX. 



Sin duda, tiempos complejos estamos viviendo. Y no dudo en decir que pueden ser tiempos oscuros: A través de la Democracia la gente voluntariamente escoge alternativas polémicas, muy cuestionables y hasta suicidas: El "Brexit" en Reino Unido, ascenso de Podemos en España, crecimiento del Frente Nacional en Francia, el triunfo del "No" en Colombia y ahora Trump en Estados Unidos. ¿Qué seguirá?. En verdad pareciera que se acaba el sentido común en los ciudadanos y que los seres humanos no queremos aprender de nuestra Historia.

«Queridos estadounidenses: ¡Adelante!
 voten por el tipo que habla fuerte
 y con odio a las minorías,
que amenaza con prisión a sus oponentes,
que le importa un carrizo la democracia,
 y dice que solo él puede arreglarlo todo.
¿Qué podría salir mal?
 ¡Buena suerte!
-El Pueblo de Alemania»


¡¡¡Gracias por leerme!!!

Dantesol

1 comentario:

Junior Peña dijo...

Trump comienza su gestión de gobierno cumpliendo la línea de acción propuesta en su campaña. Ya ha aprobado unas cuantas leyes polémicas. Queda ver como reacciona y se maneja la institucionalidad de los EE.UU. junto con la opinión pública de ese país.