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domingo, 10 de julio de 2016

Algunas claves para entender América Latina



El pasado mes de junio, colaboré con algunos de mis alumnos de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bellos en una materia sobre producción editorial. Ellos tenían que diseñar, estructurar e imprimir una publicación, ya fuera libro, revista o periódico. Los alumnos que me buscaron se decidieron por un libro y me pidiera que redactara un ensayo con toda seriedad para esta publicación, que versaba sobre la actualidad de Latinoamérica. Era una obre colectiva, y en mi condición de historiador decidí hablar sobre la Historia de nuestra región y cómo son algunas de las características más llamativas de nuestro ser social, según nuestra evolución histórica y que siguen presentes en nuestra región. He aquí el resultado.

El "Libro" donde colaboré

La versión primigenia de este texto la subí y compartí en la página Scribd, que aquí adjunto


Pero la versión corregida, ilustrada y con alguna otra adición menor, es la que aquí presento, y espero sea de agrado y utilidad de todo aquél que la lea:


CLAVES PARA ENTENDER A AMÉRICA LATINA

Por Daniel Terán-Solano 

La Historia puede ser entendida como una forma de conocer y comprender al ser humano, y también es un elemento que puede servirnos para reconocer y determinar nuestra identidad colectiva, así pues, la herencia del pasado en nuestro presente es la que nos ayudará a saber quiénes somos porque nos indica de dónde venimos. Por lo tanto, nada mejor que la Historia misma para intentar comprender esta vasta región que es América Latina (también llamada Hispanoamérica) Un subcontinente que se ubica geográficamente en las llamadas “Regiones equinocciales”, -los trópicos ecuatoriales, descritos por el viajero alemán Alejandro de Humoldt- y que en la actualidad podemos colocar entre las coordenadas al sur del Río Bravo y hasta la Patagonia y la Tierra del Fuego, o sea Desde México hasta la Argentina, pasando por el mosaico de Islas del Caribe, la cordillera de los Andes y el Amazonas.



Tan enorme región, de climas diversos y de exuberante flora y fauna tan distinta, “naturalmente” tiene pocas cosas en común, y sin embargo, es el elemento humano el que marca aquí la pauta y a la vez la diferencia. Y es que no es la biología, la zoología ni la botánica, las que pueden englobar este pequeño universo de contrastes, sino que es y seguirá siendo siempre el factor humano el que marque la pauta integradora.



Allí hace su entrada la Historia, y ella nos invita a través de la retrospectiva a conocer mejor nuestra identidad.



Así pues, viendo nuestra convulsa, dilatada y muy activa evolución, ella nos indica elementos comunes que se han vuelto clave para definir nuestras características tanto políticas como económicas, sociales y también culturales. Entonces pues ¿Qué nos define como una región común? ¿Qué define a Latinoamérica? ¿Eso es posible?



Pues bueno, preguntas como esas son perfectamente válidas, e igual de difíciles de responder para regiones como Europa, El Medio Oriente o el Sudeste Asiático, y sin embargo, es justamente la Historia la única área del conocimiento humano, más allá de la biología, la que puede ayudar a responderlas.



Veamos pues un vistazo a nuestra Historia, la cual nos permitirá identificar esos rasgos que nos engloban, nos unifica y especialmente nos identifican:

"Las Tres Razas" del pintor venezolano
Pedro Centeno Vallenilla (1946)

El mestizaje: Quizás este sea el rasgo más distintivo de lo que es ser latinoamericano. Desde sus inicios esta ha sido una región de mezclas. Los primeros habitantes de este continente llegaron de Asía o de Oceanía (pueblos mongoloides y polinesios) y durante cientos de años se produjeron mezcolanzas que dieron origen a los llamados pueblos originarios (“los primeros americanos”). Luego, en los siglos XV y XVI se produciría la gran invasión europea de los descubrimientos geográficos que van a hacer que la cultura y la raza –principalmente blanca o caucásica- de pueblos como Portugal y España, principalmente, y Francia, Holanda e Inglaterra, en segundo lugar, se mezclen paulatinamente con los indígenas americanos. Posteriormente entre los siglos XVI y XVII la llegada de los negros africanos, traídos por la esclavitud, va a incorporar un nuevo elemento racial y cultural que completará y enriquecerá el mestizaje de la región. Quizás la zona más grande donde se incorporaran razas y culturas en toda la Historia Universal sea Latinoamérica, haciéndose un “experimento único”. No solo desde el punto de vista racial, el mestizaje será vivo y visto en Latinoamérica, también en el lenguaje, los bailes, las modas y la gastronomía serán enriquecidos por ese encuentro de dos o tres mundos, que hacen pues a ésta, una de las regiones más interesantes y vívidas de todo el mundo: La salsa en la música, el realismo mágico literario, el muralismo pictórico, las variadas devociones marianas que tienen en Guadalupe su prototipo (“La virgen morena”), las mujeres exóticas que tienen cabello lacio como indígenas, pieles blancas como europeas y caderas como africanas, son apenas algunos de los prodigios que ha otorgado esta región donde definitivamente “más es mejor” y la variedad enriqueció nuestra alma.





El mesianismo: Una derivación del mestizaje es justamente éste elemento, en el cual parecen mezclarse elementos propios del mundo antiguo indígena y africano con el europeo en aspectos que rozan tanto lo político-ideológico como también el religioso de una forma aparentemente increíble. Pero históricamente el peso de religión y la espiritualidad es un factor sumamente importante en nuestro ser social, y eso para bien o para mal, se proyectaría también en la forma de ver, hacer y ejercer la política en esta área. Así, el latinoamericano en general espera una salvación casi mística por parte de sus gobernantes o sus líderes políticos sociales, pues depositan en ellos una confianza, rayana en la fe religiosa. Desde los tiempos de los emperadores Incas o Aztecas, considerados divinidades, pasando por la figura del Rey de España, estimado por las masas con el apoyo de la Iglesia católica como ungido en su corona por el “Derecho divino real” hasta llegar al caso de los caudillos y presidentes, victoriosos en guerra civiles o campañas electorales, cautivando en todos los casos a multitudes enteras con hipnótico frenesí, estos ejemplos han conformado un especial y muy particular tipo de liderazgo que asombra, fascina y desconcierta por igual a los estudiosos de Europa o Estados Unidos, que difícilmente pueden comprender este fenómeno apelando a los esquemas sociales propios de sus regiones, pues aquí no ha habido “exactamente”, unos líderes como Julio César, Napoleón o Hitler, y sin embargo, sí han abundado los gobernantes o conductores políticos con rasgos parecidos a algunos o todos ellos en conjunto, no haciendo por ello que sean copias o meras imitaciones. Entonces, es muy propio de Latinoamérica esta versión del personalismo político, que se ha arraigado haciendo que se produzcan muchos “ismos” que se basan exclusivamente en seguir a hombres, no a principios o ideales: Casos como Peronismo, Castrismo, Varguismo, Cardenismo, Gaitanismo, Fujimorismo, Gomecismo, Chavismo, etc. Son muy propias de nuestra región, marcando para bien y para mal nuestra evolución política e institucional.



El machismo: Otra peculiaridad, quizás más orientada a los aspectos más íntimos del ser humano, pero que se reflejan vívidamente en la sociedad, (y que tiene mucha incidencia en el mesianismo, ya descrito) es la muy particular exaltación de una forma de masculinidad radical, denomina el “machismo”, donde se considera que el hombre deber ser un ser dominante, agresivo y poco sensible frente a los retos de la vida. El hombre es considerado el natural señor de la mujer, quien debe ser sumisa y complaciente ante él, y de igual manera, el hombre debe demostrar su valentía física, imponiéndose con la violencia ante las dificultades que se le presentaran tanto frente a la naturaleza, como frente a otros hombres. Una vez más el mestizaje, representado por la unión de las culturas aborígenes, europeas y africanas, dio por resultado una mezcla de valores, creencias y percepciones sobre rol y estatus del hombre, que alcanzó en nuestra región mucha fama. Así pues, del mundo indígena y africano se asume la valentía de los guerreros como un valor o una virtud apreciada para cualquier hombre, y del europeo, se toma el componente de la búsqueda de la fama, la exhibición de la gloria, como preciados bienes que todo varón debe ganar y mostrar, añadiéndose además el del galanteo amoroso, propio del carácter “Donjuensco” o de “Casanova” que exhiben también los hombres machistas. Así entonces, una trinidad conformada por la agresividad, el fanfarroneo y la promiscuidad, parecen ser los atributos que todavía se consideran muy marcados en nuestra región, estableciendo una verdadera cultura “falocrática”, donde se sigue tratando de hacer creer a las nuevas generaciones, que “los hombres no lloran”, que “el respeto se gana a los golpes” y que las mujeres son seres a ser conquistados o más bien, domados. Esta percepción, se permeó en diversos aspectos de la cultura latinoamericana y la vemos expresada en géneros musicales como el Tango y la Ranchera, y aunque la mujer casi siempre es víctima de sus invectivas, no deja de sorprender que esta sea un región donde paradójicamente desde el hogar, y gracias, especialmente a la madre, se eduque y se fortalezca el machismo, así, no en balde, en las líricas de esta música del despecho, “todas las mujeres son malas, excepto mi madrecita del alma”. Aún cuando a finales del siglo XX, se dieron muchísimos avances en la liberación y la igualdad de la mujer (al ganarse amplios derechos legales y políticos) y llegó a haber hasta mujeres presidentas así como leyes que penaban el maltrato físico, verbal y psicológico de los hombres contras las féminas, no ha desaparecido esa fuerte característica social del machismo, pues otros géneros musicales como el Regetón –otra muestra más de mestizaje cultural en nuestra región- son altamente populares en Latinoamérica, pese a que denigran abiertamente a las damas.







La Juventud: Otro rasgo que bien define a Latinoamérica, y también puede explicar la impulsividad propia del machismo y la posible circunstancia de inmadurez política que es el mesianismo, es justamente el rasgo de la juventud en la región. América latina es un sub-continente joven. Históricamente la mayoría de su población siembre ha sido menor de 30 años, igualmente esta juventud puede decirse también de sus instituciones y su propia evolución cultural una vez que se insertó al mundo Occidental, es decir, frente a naciones de la civilizaciones europea cono España, Francia o Inglaterra, antiguas con varios milenios a cuestas, la Historia latinoamericana apenas alcanza medio milenio, unos 500 años de Historia registrada en el uso del papel y la imprenta (recuérdese que la “Historia” es ciencia social, una vez que hay escritura documental que pueda registrar ordenadamente los hechos pasados para así estudiarlo, lo anterior a ello, se considera “prehistoria”) También las universidades de la región no sobrepasan los 400 años de antigüedad, y casi todos los Estados de la región, (las repúblicas) están ahora superando los 200 años de existencia. Esto es pues, un hecho que puede implicar en el análisis muchos datos: Latinoamérica aún es reciente, está en construcción y en proceso de organización. Por ello pues, es también una región que tiene aún muchísimo por hacer y aún más que aprender.




La Pobreza: Y justamente algo que debe aprender la región, para superar un aspecto negativo, serían los métodos y las vías para vencer otro de sus rasgos distintivos: la pobreza. A pesar de ser una de las regiones más fértiles y ricas en recursos naturales, tanto agrícolas como minerales, es Latinoamérica una de las zonas que permanentemente en su historia ha hecho gala de la pobreza. Sólo es ahora en el siglo XXI, con Carlos Slim, el conocido empresario mexicano de medios de comunicación y alimentos, cuando un latinoamericano destaca como magante y multimillonario que rivaliza con los tradicionalmente mayoritarios hombres de negocios europeos y estadounidenses. Pero por lo general fue común en la larga y agitada historia latinoamericana encontrar multitudes de pobres, ya sea hambrientos, sin vestidos o harapientos, sin casa segura para vivir, con escasas o inexistentes fuentes de trabajo y sin ningún tipo de acceso a la salud o a la educación. Este mal endémico va acompañando especialmente las jóvenes repúblicas latinoamericanas que llegan a sus doscientos primeros años con multitud de problemas, precisamente por no saber cómo abatir sostenidamente ése rasgo de la pobreza. Éste mismo mal, alimenta precisamente el mesianismo como forma de acción política, porque en la desesperación de una vida con carestías, y siendo un pueblo poco instruido, es fácil entender cómo multitudes enteras depositan su confianza ciega y religiosamente en líderes que les prometen -ingenua o malevolentemente- resolverle sus dramas y problemas. Igualmente, bien podemos decir que no hay mejor “escuela” para aprender y cultivar el machismo que la pobreza, pues los numerosos hombres que nacen en hogares llenos de miseria, -donde habitualmente hay un padre ausente- se convencen que deben ganar todo en la vida a los golpes y convertirse ellos en un valiente que exhibirá sus triunfos ante el mundo y conquistará miles de mujeres con eso. Como vemos pues, la pobreza marca radicalmente a la región y es un reto para América latina que este siglo XXI ésta no sea más una de sus características claves.


La imagen es de Brasil: foto de Oscar Ruíz



La Desigualdad: Consecuencia directa del drama de la pobreza es este último aspecto que caracteriza la región, y del cual estimamos que también se alimenta de las otras claves, como son el mesianismo, la juventud y el machismo, pues si bien la pobreza en sí, nos hace alusión a un drama que podemos ubicar en lo socio-económico, la desigualdad la podemos entender en lo socio-político, en cuanto a que determinados sectores están excluidos no sólo del acceso a bienes y servicios que podrían mejorar su calidad de vida, sino también en la toma de decisiones y los organismos competentes para precisamente intentar modificar ésas circunstancias. Así pues, la desigualdad puede expresarse no sólo en que los que sean pobres materialmente sean puestos a un lado en el manejo de los destinos de las naciones latinoamericanas, sino también las gentes pertenecientes a diversas razas o etnias (negros o indígenas) que sean de un género determinado (mujeres, principalmente) o finalmente posean unas inclinaciones políticas particulares (ser liberal, socialista, comunista, etc.) En cualquiera de los casos, grupos humanos en la región se ven minimizados, excluidos, oprimidos o invisibilizados por esa compleja y gran “manta” que es la desigualdad, la cual arropa a millones de latinoamericanos y les hace fortalecer la creencia de apoyar a líderes fuertes, “de hablar poco y hacer mucho”, para solucionar la exclusión que viven, contribuyendo así al mesianismo y apoyando una vez más a un arquetipo machista, reflejando una vez más una cándida juventud e inexperiencia política a la hora de tratar de buscar soluciones institucionales para sus problemas sociales. A primera vista, pareciera pues que vemos un círculo vicioso, donde “el perro se muerde la cola” casi, ¿eternamente?, pero así como la búsqueda de la solución de la pobreza es un tema que atañe a los economistas y se hizo mucho en el agitado siglo XX, también la lucha contra la desigualdad es un rasgo que concierne a los políticos, y la democratización de la región –o las luchas por democratizarla- vistas en la misma centuria, indica que los tenues avances conseguidos, son un signo que puede indicar que en el siglo XXI no es la desigualdad un “designio eterno” del destino para América latina.

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Ahora bien, ¿Definen todos estos rasgos a la región? Definitivamente sí… y no. Una definición precisa, cerrada y matemática sería imposible para un gran conjunto humano, pero ciertamente las ciencias sociales pueden llegar a aproximarse a los fenómenos que se desenvuelven en dichos conjuntos de una manera bastante reveladora, ayudando con estos enfoques a brindar una mejor comprensión. Es lo que hemos intentado ofrecer en estas líneas, y que esperamos que los otros brillantes autores invitados a colaborar en este texto puedan ampliar, complementar y enriquecer.



Latinoamérica entonces, es esto y mucho más, es una región conocida por su mestizaje, su mesianismo, su hombres –y mujeres- machistas, por ser una tierra de gente e instituciones jóvenes y en donde todavía hay muchísima pobreza y grandes desigualdades, pero América Latina como un cuerpo social vivo, esto es dinámico y cambiante, puede ser esto y mucho más en su presente y futuro cercano, pues sí hay siempre un protagonista central en el hecho histórico, es el ser humano, quien tiene siempre la posibilidad de no sólo entender su Historia, sino también cambiarla y transformarla, para bien y para mal.



¡¡¡Gracias por leerme!!!

Dantesol

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