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viernes, 8 de julio de 2011

"Insurrección libertaria": Mis impresiones como historiador...





Atendiendo a la solicitud del amigo periodista Arnaldo Espinoza, procedo a hacer unos brevísimos comentarios sobre el filme para la televisión “Insurrección libertaria” realizada por La Villa del Cine y el fondo de responsabilidad social de CONATEL y estrenada en cadena nacional hace unos días.

En primer lugar me parece conveniente agradecer el hecho que el gobierno nacional haya querido presentar un producto audiovisual para conmemorar la magna fecha, lo cual en estos tiempos multimedia es una buena estrategia para difundir y divulgar el conocimiento de nuestra Historia y acercar más a la gente del presente que no es especialista o estudiosa de ésos hechos a mirar con mayor interés su pasado. Es un punto a favor que es justo reconocer.

Pero lamentablemente hasta ahí llega lo positivo.

Pues si la intención del filme era ser “pedagógica” los resultados están muy lejos de lo que buscaban. A menos que ellos, los realizadores y productores del filme confundan proselitismo político burdo y elemental como pedagogía de la Historia.

Esta es una obra de versión libre, lo cual significa que los autores, guionistas y realizadores se van a tomar las libertades creativas que consideren necesarias para darle cuerpo y consistencia a la historia audiovisual que le van a presentar al público. Ciertamente pasan siempre cosas similares cuando se intenta abordar un filme de tipo histórico, pues se está haciendo una película y no un documental, pero lo que se vio en “Insurrección libertaria” es algo que cuando menos da mucha pena y vergüenza desde el punto de vista intelectual.

Los realizadores dijeron que harían un filme que “no traicionaría los hechos” y eso es lo que se vio permanentemente desde un principio: la selección de algunos personajes centrales, el manejo de la secuencia del tiempo histórico y la denominación equivocada de protagonistas, hechos o instituciones, así como la omisión de otros abundan en la película.

Vamos con lo general y luego a lo particular: La obra intenta mostrar la evolución de los hechos nacionales desde los antecedentes inmediatos al 19 de abril de 1810 hasta la el 5 de julio de 1811. Para hacer un filme histórico hay que basar la versión presentada en algún testimonio escrito, pues la Ciencia Social de la Historia se basa en el estudio de documentos y lo que dicen los existentes es que los hechos acontecidos entre tales fechas se desenvolvieron de una manera determinada. Eso es desde mi punto de vista, inmodificable, a menos que surjan pruebas testimoniales de lo contrario, y este filme a cada rato muestra lamentables modificaciones de los hechos históricos para “ajustarlos a la comodidad” de la versión audiovisual finalmente presentada.

Así pues, el filme “se basa” en el testimonio escrito que narran 3 personajes, 2 históricos y 1 ficticio que en ningún caso fueron protagonistas centrales y decisivos de las dos fechas mencionadas por el filme (ni tampoco estuvieron presentes simultáneamente en las dos, sólo en una), ellos son: El arzobispo Narciso Coll y Pratt, el Marques de Casa-León y un supuesto periodista inglés que no me acuerdo su nombre.

Para comenzar, el Arzobispo Coll y Pratt llegó a Venezuela después del 19 de abril de 1810, así que no pudo estar en los eventos de la renuncia de Emparan como se ve en la película. Tampoco el Marques de Casa León se encontraba en Caracas cuando se constituyó la Junta Suprema Conservadora de los Derechos de Fernando VII y mucho menos ocupó cargos de importancia en ella, como plantea el filme, que lo ponen prácticamente como el jefe de dicha junta. Finalmente los únicos extranjeros que estuvieron presentes en Caracas en esas fechas y que dejaron testimonios escritos fueron: Robert Semple (norteamericano) Louis Pelpech, H. Poudenx y F. Mayer (franceses) y Gregor MacGregor (escocés) por ende no hubo ningún ingles en el cual se podía basar este personaje ficticio de periodista, máxime cuando la prensa escrita estaba limitada a unos pocos diarios y sólo un extranjero, que se sepa pudo, escribir en ellos: el irlandés William Burke que dejó sus artículos de la “Gazeta de Caracas”.

De esta manera, la base documental en la cual se sustenta la producción es precaria y poco ajustada a la Historia, por lo cual se puede decir que no se está haciendo entonces ningún filme “basado en hechos reales o históricos” sino más bien lo que yo llamo “ficción histórica o “Historia-ficción”, pues la adaptación rebasa lo que fue y lo cambia por lo que le hubiera gustado que fuera los realizadores de este filme. Y eso es algo lamentable porque lo que terminó mostrándose es un continuo desfile de clichés y estereotipos políticos actuales para encuadrarlos en la historia fílmica, con muy maltrechas consecuencias.

Es así que encontramos cosas que son disparatadas: Ponen a Emparan casi como un dictador, cuando en verdad él estuvo más bien tratando de contener la situación el mayor tiempo posible para evitar un derramamiento de sangre, y de hecho su propia renuncia evito violencias. Constantemente se habla de la “Junta Patriótica” en vez de “la Sociedad Patriótica”, La Junta fue la que luchó contra la dictadura de Pérez Jiménez entre 1957-58 y la Sociedad era el club político donde estaban los independentistas como Miranda, Bolívar y Ribas. La película muestra erróneamente que la Junta Suprema se mantuvo en su cargo hasta el 5 de Julio, cundo la verdad es que cesó sus funciones en marzo de 1811 al instalarse el Congreso Constituyente y designar un poder ejecutivo tripartito. Así mismo hay un intento permanente de mencionar a los Estados Unidos como un peligro en ciernes para Venezuela y Latinoamérica, cuando en ése momento dicha nación era percibida por admiración y simpatía por la mayoría de los próceres de Iberoamérica por una sencilla razón: EEUU era un republica que practicaba la democracia y había nacido de una rebelión independentista contra una potencia. No hay pues para la época ningún pensador venezolano ni político que entre 1810 y 1811 sea anti norteamericano: es más fue el hermano mayor de Bolívar, José Vicente, el que encabezo la misión diplomática venezolana para ir allá. Faltaba mucho para la era del “gran garrote” y la “diplomacia del dólar” que mostraría a los Estados Unidos como una potencia intervencionista en nuestra región. Tampoco hay pruebas documentales que muestren como verídico un intento de asesinato de Miranda, ordenado por el Marqués de Casa León o la Junta Suprema, con el apoyo o beneplácito de Arzobispo Coll y Pratt. Finalmente el disparate supremo: como pasaría en la película Miranda de Diego Rísquez, (la cual me pareció también MUY desacertada) ponen a Bolívar en el momento de la declaración de la independencia, cuando él no estuvo allí ocupando ningún puesto clave y protagónica. Ningún partícipe del evento lo reseñó en sus escritos y ni siquiera sale en la pintura de Juan Lovera, que fue testigo presencial del hecho, y sin embargo por empeño de los realizadores de este film, Bolívar repite esa manía de estar en todos lados (¡en el film de Rísquez lo ponen incluso a firma el acta!). Creo que un bolivarianismo muy mal entendido supone que es una ofensa al Libertador no ponerlo en todos los hechos de la independencia y como este es un gobierno hiperbolivariano en lo más negativo de ése culto, deforman hasta más no poder la Historia complaciendo con esa errónea suposición, un equivocado sentido de homenaje y justicia para con Bolívar. Si es así, pronto veremos películas donde el espíritu del Libertador será el asesor de Guicaipuro en la lucha contra los conquistadores españoles.

Tan graves como los disparates resultan ser las omisiones, pues aparte de reflejar las preferencias y tendencias de los productores-realizadores del filme, también pueden ser un reflejo de su desconocimiento o ignorancia del tema que narran: No se mencionó a ningún prócer civil de importancia, pues según los realizadores del filme no existieron o no hicieron nada de valor figuras como Roscio, Isnardi, Yánez o Sanz, No hay alusión al debate intelectual que se abró en la prensa a través de diarios como La Gazeta, El Publicista. El Semanrio, El Mercurio, etc., tampoco se menciona la abierta reacción realista que se desató en provincias del interior como Angostura, Coro y Maracaibo, o en la misma Caracas y Valencia apenas 6 días de haberse proclamado la independencia. (Recuérdese que el filme culmina con el acto del 14 de julio, cuando se hizó la Bandera tricolor en la Plaza mayor, pues 3 días antes al noroeste de la ciudad, por la Pastora, una insurrección armada de isleños o canarios fue vencida cuando intentaba tomar el Cuarte San Carlos. Bueno, nada de eso se menciona en el filme) y mucho menos se menciona el complejo cuadro social existente en el país en ése entonces o que pasaba en el resto del país, pues todo se centra en Caracas: ¿Y Barcelona, Barinas, Cumaná, Margarita, Mérida y Trujillo no apoyaron la independencia?

El amigo Guillermo Tell Aveledo nos había pedido que contabilizáramos los errores históricos y los anacronismos, pero creo sinceramente que la lista es muy extensa y este espacio muy breve para colocar la totalidad de mi selección particular, así que solo mencionaré las siguientes.

1. Bolívar es presentado sinceramente de una forma deplorable: aparece como un histérico agitador, o sea, parece más un tupamaro amigo de Lina Ron o “La Piedrita” que un prócer. Le ponen a decir en el temprano 1810 antes de ir a Londres a verse con Miranda, su famosa frase e 1829 contra los Estados Unidos, cosa que conviene recordar que fue una confidencia en una carta privada y no el grito de un discurso público. Y tampoco no hay pruebas que fuera tan radical así, porque en primer lugar él era un personaje relativamente desconocido, recién llegado a la política y por eso no figuró en cargos importantes entre 1810 y 1812. Además, su famoso discurso del 4 de julio pudo ser un invento de Juan Vicente González pues hay muy poco testimonio histórico que avale sus palabras: tal como pasa con las del famoso orador llamado “Coto” Paúl, que lo presentaron como un revolucionario que clamaba por la anarquía y nadie, excepto González, refrenda estas palabras documentalmente hablando. De hecho, hasta ahora nunca sabremos exactamente que decía Bolívar y los radicales porque el archivo de la Sociedad Patriótica se perdió y el periódico de la sociedad ("El Patriota de Venezuela" ) nunca reseñó en sus números ésos discursos que debían ser tan importantes. En todo caso, el Bolívar agitador de estos años, es el que menos interesa a la Historia, pues fue el que menos hizo en pro de la independencia, más bien puede decirse, todo lo contrario. Tanto es así que el historiador Juan Uslar Pietri reflexionó muy bien de Bolívar y su papel en aquellos años con estas brillantes palabras:

“O’Leary, que en sus opiniones sobres acontecimientos anteriores a su llegada a Venezuela era fiel repetidor de los juicios del Libertador, decía, hablando del célebre Club: «Habíase formado una sociedad patriótica que, arrogándose el derecho de discutir y decidir las medidas adoptadas por el gobierno, contribuía a aumentar las dificultades que rodeaban a los patriotas, hostilizando al partido moderado que rodeaba al ejecutivo». El propio Bolívar quien fue destacada figura de la Sociedad no vuelve a mencionarla, ni una sola vez, en el resto de su existencia. ¿Quería olvidarla? ¿No sería más bien que aquellos hombres, una vez pasada esa juventud generosa y emprendedora, comprendieron que la Sociedad que ellos fundaron, había sido más perjudicial que beneficiosa para la clase a la que pertenecían, para la Independencia y para la patria? Una cosa es verdad: la Sociedad Patriótica contribuyó en mucho, tal como hemos vendido señalando, a la destrucción de la estructura colonial y a la derrota de la Segunda República, fundada por Bolívar y Ribas, eminentes demagogos del Club revolucionario.” (Juan Uslar-Pietri, Historia de la Rebelión Popular de 1814, Págs. 23 y 24. Las negritas son mías)

2. La relación entre Bolívar y Miranda NO fue tan fraternal-paternal como muestran. Eso es entre Chávez y Fidel, pero entre aquéllos no, ¿por qué? Miranda apenas conoció bien a éste muchacho, que en algunos casos le pareció muy imprudente. Más confianza tuvo Miranda con próceres como Soublette que fue su edecán o Isnardi o Múñoz Tébar, que escribían en la prensa caraqueña, que con el mismo Bolívar, y eso está perfectamente documentado en las biografías existentes. Cuando comenzaron las hostilidades en el mismo año 11 en Valencia, Miranda no quería a Bolívar en el frente porque podía cometer errores y al final, en el año 12 lo hizo: por imprudencia de Bolívar se perdió el importante castillo de Puerto Cabello y Miranda exclamaría “la patria está herida en el corazón”, obligándole entre otras razones a rendirse ante los españoles. Analizando mejor la relación de los dos personajes, se puede entender desde otro punto de vista por qué es Bolívar uno de los que entrega a Miranda a los españoles: Se había hartado de que el precursor lo ignorara y menospreciara, y con ésa detención y entrega realizaba su venganza contra aquél que tanto admiró, pero nunca le tomó en cuenta ni mucho menos le dio mayor confianza. Cuestión para psicólogos de la Historia…

3. Igualmente José Felix Ribas también es colocado con demasiada simpleza como un extremista “come candela”, y si bien sí existen pruebas de que él era representante de la facción más radical de los protagonistas de 1810 y 1811 (quería que se incorporaran los pardos a la política y pedía la expulsión inmediata de todos los españoles y canarios, con embargo de sus bienes, cosas que Bolívar “tan radical” nunca planteó, al menos en éste período) y sin embargo, el filme no muestra que “el comandante fosforito” J.F. Ribas, le dieron su parado las mismas autoridades de la Junta Suprema expulsándolo del país unos meses en 1810, y hasta que no se calmó, no lo dejaron regresar. Así que es absoluta y completamente falso lo que platea la película que a unos días del 5 de Julio, Ribas estaba preparando un golpe de estado para proclamar él por su cuenta la independencia, ya que en ése momento tras el “tate’quieto” de la expulsión Ribas había moderado mucho su actitudes y discurso.

4. Finalmente el mayor anacronismo histórico y también artístico, es a mi parecer lo de Landaeta y Salías, los aparentes autores de nuestro himno. Me pareció sumamente absurdo, ofensivo y ridículo que los pusieran como unos hippies y rockeros que estaban todo el día detrás de Bolívar y Miranda, e incluso metidos en reuniones secretas, sacando de ellas, “la inspiración” o más bien copiándose de lo que la gente decía para escribir en trozos el futuro himno nacional. Para comenzar, todavía se debate si los autores de nuestro himno fueron ellos dos, pues otros investigadores -como J. A. Calcaño- afirman que pudieron ser los autores José Ángel Lamas, Cayetano Carraeño o Lino Gallardo (la música) y Andrés Bello (la letra). Y ya para el mismo año 11 existía la letra, porque el canónigo Madariaga cuando viajó a Nueva Granada en misión diplomática, dejó escrito en su diario que de regreso, en la noche del 18 de julio abordo de una balsa en el río Meta (los Llanos)  los hombres cantaban canciones patriotas, como la "canción de Caracas" o "El bravo pueblo" así que es falso, falsísimo que un Landaeta ¡pelúo! (cual metalero) y un Salías hayan tenido lista la letra para el 14 de julio de 1811 cuando se hizo la bandera nacional en la Plaza Mayor.

Como ven, todo el filme da para mucho que hablar.

Tal como “El Caracazo” de Román Chalbaud se podría decir que este fue otra mandado mal hecho, y al hacerlo tan político o mejor dicho tan proselitistamente ajustado al gusto de los que hoy gobiernan, la gracia salió como una horrible morisqueta.

En fin, este Bicentenario dejó muchas cosas buenas sin hacer. Fue un bicentenario gris y parcializado. Espero que cuando celebremos los 250 años del 19 de abril y el 5 de julio, si podamos ver, Dios mediante, una verdadera celebración de unidad patria, una fiesta nacional, civil y realmente ajustada a la Historia.

Gracias por leerme…

Dantesol

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Nota posterior: Aquí se puede ver el filme completo, que fue re-subido en 2013




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